"double dragon", año 1987, de technos japan, puro vicio.

La recreativa de ‘Double Dragon’: mi momento de fama
Pensando en cómo podía comenzar mi andadura en ion litio me vinieron muchas ideas a la cabeza. Pero después de planteármelo mucho pensé que la mejor forma de entrar a una familia era mostrarme tal y como soy. Para ello he elegido uno de los relatos de mi infancia que más me marcó. Espero que más de uno se sienta identificado y os haga recordar grandes momentos que ya hemos dejado todos un poco atrás.
Nunca saldré en la revistas del corazón por haberme acostado con una famosa, ni ganaré millones en algún programa de televisión. Tampoco escribiré un best-seller ni creo que sea el primero en encontrar vida fuera del planeta Tierra, pero sí puedo afirmar, ¡Yo he tenido mi momento de fama! Os lo voy a contar…
Para situarnos debemos hacer un esfuerzo para retroceder al pasado, a nuestros años mozos, en los que la decisión más importante que debíamos tomar era si tomábamos la leche con Cola Cao o con Nesquick.
Os voy a poner en situación… típica tarde de verano… mucho calor por las calles del pueblo… Andando tranquilamente con tus bermudas, camiseta de Phoskitos y zapatillas Victoria… cuando de repente, te encuentras con tu amigo Juan.- ¿Sabes lo que han puesto en el bar?
- No… acabo de salir de casa…
- ¡¡Han puesto una máquina recreativa!!, “Double Dragon” se llama.

Aun no lo sabías, pero ese nuevo invento iba a ser el causante de la pérdida parcial y en algunos casos límite, de la pérdida total de tu paga semanal, que por aquella época estaría en torno a las 100 pesetas. La cantidad de cosas que podías hacer con 100 pesetas…
Si lo comparamos con algún juego actual, evidentemente saldría perdiendo, en cuanto a gráficos, historia… etc, pero a lo que no le ganaba nadie era a vicio… y os lo dice un profesional de las recreativas. El juego en si no era nada llamativo. Dos tíos andando por una calle, yendo de arriba abajo y cascando mamporros a todos los malotes que iban apareciendo.
Después de unas semanas de entrenamiento serio, y por tanto de derroche monetario, llegaba el gran día, el día en el que te preparabas para batir a la máquina, el día esperado por todos los grandes jugadores de recreativas de bares, el día que subías al Olimpo.
Así que te plantabas delante del dichoso aparato, normalmente con un compañero de partida, ya que de todos es sabido que entre dos los juegos son más fáciles. El bolsillo lleno de monedas, a ser posible de veinte duros. Si el dueño del bar no era muy rata, puede ser que por 100 pesetas te diese 5 partidas, una de regalo. Agarrabas fuertemente el mando… colocabas las manos sobre los botones… Insert coin… Push 2P y ¡¡ A jugar!!
Como el vicio ya era tan grande, las primeras pantallas te las hacías con los ojos cerrados y sin gastar demasiados créditos, pero la cosa se iba poniendo cada vez más difícil… A medida que las pantallas pasaban por delante de tus ojos la expectación iba en aumento, a tu alrededor se iba formando un círculo de público juvenil ansioso por conocer las imágenes finales del videojuego.
La voz, sobre la hazaña que estaba a punto de llevarse a cabo, se corría por todo el pueblo y numerosas personas se aproximaban a verlo, lo que beneficiaba también en parte al dueño del bar… al final salíamos todos ganando. Incluso siempre estaba el típico niño solidario que te prestaba su dinero para poder continuar con el logro… En ese momento te sentías en la cima del mundo…
Pero llegaba el gran momento… y os teníais que enfrentar al jefe final… Willy, el jefe de la banda de los malotes, que con sólo una de las balas de su metralleta te quitaba una vida. Una vez llegados a ese punto, ya no se podía parar, si te dejabas la paga de 1 mes en la máquina daba igual, tu público esperaba que lo dieses todo.
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto lágrimas delante de una recreativa mirando como descendía la cuenta atrás del Insert Coin por no tener dinero para continuar… He llegado a ver como la gente mendigaba cinco duros a los asistentes para poder conseguir la victoria… He visto grandes sueños tirados por la borda por 25 míseras pesetas…

La afición estallaba en gritos y abrazos cuando conseguíais derrotar al líder final. El bar era una auténtica fiesta y todo el mundo se disponía a observar los créditos finales, algo verdaderamente insulso, ya que consistía en ver pasar una lista interminable de nombres chinos por la pantalla, cuando de repente saltaba el típico listo:- ¡Qué todavía no habéis terminado el juego!, ahora os tenéis que pegar entre vosotros.
¿Tantas horas juntos colaborando para pasarnos millones de pantallas, matando matones de todos los estilos para ahora terminar dándonos guantazos entre nosotros? No es justo… ¿Pero a quién le importa la justicia? Lo importante era ser el vencedor supremo, así que nos enzarzábamos en un duelo a muerte, en el que, si mal no recuerdo, las apuestas corrieron como la pólvora entre los asistentes a tan magno evento…

Sí, ya se que lo estáis pensando… ¿Ganaste?… No, fui el perdedor… En un ataque de nervios por la pelea fratricida que se avecinaba tiré del mando para abajo y caí en los pinchos, quedando ensartado cual pinchito moruno. Mi compañero se llevó toda la gloria, todos los agasajos, el beso de la chica, salió a hombros del bar… Me había robado mi momento de fama… A partir de ese día no volvimos a dirigirnos la palabra… y yo, ahora, 15 años después de aquello, todavía voy vagando cada noche por los bares buscando una máquina recreativa donde esté el maldito ‘Double Dragon’ para poder machacar a Willy y recibir el beso de la chica que tanto merezco…
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