Marcello Mastroianni
Actor italiano por antonomasia, Mastroianni se convierte, sin duda alguna, en el artista más famoso a nivel internacional durante las tres décadas posteriores a la guerra y, a diferencia de otros actores de su generación, alcanza poco a poco la popularidad.
Entre 1938 y 1943 trabaja como figurante cinematográfico. Al terminar la guerra, se matricula en el Centro universitario teatral y, en 1948 obtiene su primer éxito como protagonista de "Un tram chiamato desiderio", dirigida por Luchino Visconti. En el cine, acierta el papel del jovenzuelo simpático y extrovertido de "Tres enamoradas (Le ragazze di Piazza di Spagna)" (1952) de Luciano Emmer. Luego, al lado de Sophia Loren, vuelve a ofrecer una interpretación inolvidable en " La ladrona, su padre y el taxista (Peccato che sia una canaglia)" (1954), comedia divertida y elegante, dirigida por Alessandro Blasetti.
En "Rufufu (II soliti ignoti)" (1958) deMario Monicelli confirma su maestría para la comedia y la farsa, pero su carrera despega con "La dolce vita" (1960), extraordinaria película de costumbre que también marca el inicio de un larga y afortunada colaboración artística con Federico Fellini. Alter ego del director riminés y máscara que expresa perfectamente "las veleidades de una sociedad en fase de transformación", Mastroianni también convencerá en el espléndido "Fellini ocho y medio (Otto 1/2)" (1963), quizás el mayor éxito de Fellini. Mientras, Mastroianni, poliédrico como pocos, vuelve a lo grotesco para "Divorcio a la italiana (Divorzio all'italiana)" (1962) de Pietro Germi, en la que inventa los rasgos de ese barón Cefalù que le hará famoso en todo el mundo.
Posteriormente, rueda con los más importantes directores italianos: Marco Ferreri ("Break-up", 1965; "La cagna", 1972; "La grande abbuffata", 1973; "Non toccare la donna bianca", 1974; "Historia de Piera (Storia di Piera)", 1983), Ettore Scola ("Una jornada particular (Una giornata particolare)", 1977; "La terraza (La terrazza)", 1980; "Il mondo nuovo", 1982) los hermanos Taviani ("Allonsanfan", 1974), Marco Bellocchio ("Enrico IV", 1984), y de nuevo Monicelli ("Le due vite di Mattia Pascal", 1985).
En su larga carrera, no se puede olvidar la colaboración con grandes directores extranjeros con los cuales Mastroianni, genial y melancólico, jovial y sencillo, rodará magníficas películas: "Il volo" (1986) de Thodoros Anghelopoulos, el estupendo "Oci ciornie " (1987) de Nikita Michalkov, "Pret-à-porter" (1994) de Robert Altman, y el profético "Viaggio all'inizio del mondo" (1996) de Manoel de Oliveira.
Por último, su testamento cinematográfico: "Mi ricordo, sì io mi ricordo" (1997), una larga confesión, rodada por su última compañera, Anna Maria Tatò, que, con sus imágenes intensas y conmovedoras, puede considerarse una preciosa despedida de esa gran figura, familiar y extraordinaria al mismo tiempo, del cine italiano.
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