Una ciudad con 11 kilómetros de playa, la mitad vírgenes, susceptible de poder ser ampliados por la vertiente de poniente (fundamental).Con una población de 70 mil habitantes pero focalizados en un núcleo urbano de espacio muy reducido. Junto a un paso fronterizo donde pasan 7 millones de clientes potenciales de todo el globo. Con una gastronomía envidiable y locales legendarios que llaman la atención de mucho público.
Una población que tiene por vecinos de puerta con puerta 30mil personas, con un alto nivel adquisitivo ávidos de consumir todo lo que nuestra cultura y comercio les da y tanto les gusta.
Una población con un pedazo de puerto deportivo en ciernes, con una terminal de pasajeros en un aeropuerto que es una incógnita pero a la que todos los linenses deberíamos defender con uñas y dientes.
Sin querer por iluso despegar los pies del suelo, esa frase que hemos escuchado esta tarde sobre de qué pozo beberá agua La Línea me suena a aquella otra de ¨tener 11 kilómetros de playa es un marrón¨. Ya está bien de lamentarse. Nuestros diezmil parados si que pueden lamentarse.
Lo que pasa es que hay que tener ganas de trabajar, y tener confianza en lo que se hace y cuando se haga, hacerlo bien. Debemos dejar el victimismo y la autocompasión, sin dejar de ser reivindicativos y no perdonar ni un céntimo o centímetro de lo que es nuestro o podamos arañar. Primero uno hace los deberes y depués exige. No pedir limosna con 25 abogados, 15 psicólogos y sueldazos a gogó.
Chapuzas como la pérdida de las losetas de la fuente de la plaza Cruz Herrera a plena luz del día y con testigos, la ¨restauración¨ perdón, la condena a cadena perpetua de La Plaza de Toros, la porquería de paseo marítimo de levante que ha condenado a nuestro litoral urbano de levante a la nada son ejemplos de lo que NO podemos permitir que pase, de cara a la evolución de nuestra ciudad. Por no hablar de la birria de aceras de chinos lavados.
Ahora que ya no están los de antes en el Ayuntamiento, podemos rematar la última fase de una de las dos vías de entrada a nuestra ciudad tan reivindicada hace pocos meses y ya parece que guardada en un cajón, la del Higuerón-carretera del Cementerio. Pedir sin complejos la vía del tren, y el arreglo de del cuello de botella de Campamento. Como dije antes, con uñas y dientes.
Lo de la carta especial no estoy seguro de que sea conveniente, es puro limosneo. Y solo nos darían el pescao y no nos empujaría a pescar, que es una de las herencias más funestas de nuestra forma de ser como pueblo. Y además, para qué, ¿para pagar nóminas a gente que vive de put*madre a costa de los demás? Venga ya, por favor.
¨No hay dinero, no hay dinero¨, jo*er, que no hay dinero, ¿dónde van pues mis impuestos? Muévanse, mójense el culo, HAGAN ALGO. Y si no, no se queden más con la gente y dediquense a otra cosa. Pero hay muchas cosas que se pueden hacer.
Esta ciudad y estos tiempos no son para cobardes. Currar es currar. Y por La Línea con uñas y dientes. Que nombrar personal de confianza sin rubor, comer jamón con el alcalde de Gibraltar y prometer hasta meter lo podemos hacer cualquiera. Es lo mismo de siempre pero sin coche oficial. La misma parálisis cerebral. Esta ciudad tiene mucho futuro y potencial, no hace falta tener una refinería o una central nuclear en medio del pueblo para poder afrontar el futuro con esperanza y optimismo.
Estoy seguro que cientos de miles sino millones de españoles les encantaría vivir en un enclave como el nuestro. Sinembargo para nosotros, o para algunos, que no saben de qué pozo beberá agua La Línea es como si le hubieran diagnosticado una enfermedad incurable. Me niego a aceptar la extremaunción para La Línea. Lo que pasa es que hay que hacer las cosas bien. Nada más.



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