Fue el inicio de la consolidación de esta zona como aldea dependiente de San Roque
Se cumplen doscientos años de la voladura de la línea de contravalación y de los fuertes de Santa Bárbara y San Felipe.
España e Inglaterra firmaron una alianza el 14 de enero de 1809 ante el deseo de Napoleón de dominar España provocando la Guerra de la Independencia. El ejército francés que ocupaba parte de la provincia se acerca hacia esta zona, donde el general Ballesteros, con estrategia de guerrillero, le había causado frecuentes descalabros.
Ballesteros se vio obligado a protegerse bajo el fuego de los cañones de Gibraltar y temiéndose que los franceses se apoderasen de la línea fortificada construida frente a la plaza, los ingleses propusieron y los españoles accedieron a la destrucción de tales fortificaciones.
El jefe de ingenieros de la guarnición de Gibraltar comunicó al general Campbell en carta del 18 de febrero de 1810 el resultado de esta demolición realizada días antes. En dicha carta, el citado jefe de ingenieros, teniente coronel Holloway, expresó que cumpliendo las órdenes se tomaron inmediatamente las disposiciones necesarias y se dieron órdenes al teniente coronel Evall y al capitán Harding, de los Ingenieros Reales, para que fuesen adelante con la demolición por minado del fuerte de Santa Bárbara (llamado también por los ingleses ‘fuerte Tonaro’ por su proximidad a la actual barriada de La Atunara) y del de San Felipe, lo que empezaron a hacer en la mañana siguiente con los zapadores de la guarnición.
El 10 de febrero, los oficiales y los empleados del arsenal empezaron la destrucción de la línea entre los fuertes y al día siguiente los comerciantes y otros habitantes de Gibraltar se prestaron voluntarios para el mismo fin, mientras los oficiales y marineros de la Royal Navy y los del escuadrón portugués, con varios ingenieros y algunos zapadores, procedieron a destruir los fuertes y baterías alrededor de la bahía.
Aquella carta decía: “...habiendo quedado terminadas el día 14 del corriente las minas que se estaban construyendo en los fuertes de San Felipe y Santa Bárbara, fueron voladas las mismas de un cañonazo disparado desde la guarnición como señal para prender fuego a las cargas explosivas; no cabía esperar mayores efectos de una explosión ya que la totalidad de los muros de los acantilados se derrumbaron hasta el nivel de las zanjas y los fuertes quedaron destruidos”.
Igualmente da cuenta de la destrucción de los pequeños fuertes y baterías en torno a la bahía, cuya operación fue realizada eficazmente por la Marina Real y el escuadrón portugués.
Todavía se conservan restos de estas fortalezas, aunque la mayor parte ha desaparecido totalmente. Entre los restos se hallan los del fuerte de Santa Bárbara y en el que ha venido denominándose campo neutral o Campo Militar Español, algunas de las avanzadas subterráneas como la batería del Molino y la del Empedrado, de las que la primera sólo distaba unas 1.100 yardas del barrio inglés. En recientes movimientos de tierras, realizados en las proximidades del espigón de San Felipe, lugar donde estuvo emplazado el fuerte de este nombre, fueron puestos al descubierto restos de estas líneas de fortificaciones.
Gran parte de las piedras de estas fortificaciones fueron conducidas a Gibraltar y usadas en la construcción de edificios aunque también se repartieron por La Línea.
Ahí empezó a formarse La Línea
Algunos autores han supuesto que la formación de la modesta aldea que con el tiempo habría de ser La Línea de la Concepción deriva de la época en que se construyeron tales fortificaciones y si bien es de presumir que tras las mismas y a su amparo se estableciesen algunos paisanos, lo debió ser en muy escaso número y de forma provisional, en consideración no sólo a la necesidad del terreno para las atenciones militares, sino por los mismos acaecimientos bélicos que sucintamente hemos referido.
Por el contrario, es más de creer, como dice Eduardo Gómez de la Mata, que con el cese de las hostilidades acudiesen a estos lugares gentes venidas de pueblos próximos, bien a negociar o como aventureros, y aún más racional el afirmar, como sigue expresando aquél, que la verdadera creación de la aldea data de los años que siguieron a la total destrucción de los fuertes en 1810.
En análogo sentido se manifiesta Lutgardo López Zaragoza al referir que próximo a estas ruinas fue estableciéndose un núcleo de viviendas muy modestas, construidas de madera, juncos y cañas y muy pocas de piedra y barro, constituyendo el cantón denominado ‘Línea de Gibraltar’, con una sola y corta calle a la que se denominó Real.
En apoyo de esta tesis pueden citarse los planos y vistas con que ilustra su historia de aquel gran sitio el capitán Drinkwater, testigo y partícipe del mismo; en aquéllos se detallan todas las fortificaciones del campamento español sin que en el lugar que hoy ocupa la ciudad, más próxima al castillo de San Felipe que al del Santa Bárbara, aparezca indicación alguna de vivienda y menos de poblado y sí, solamente, marcan unos extensos jardines y huertas.




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